sábado 24 de septiembre de 2011

¿Te es difícil aceptar la expresión "la ira de Dios"?

La palabra "ira" puede definirse como "enojo e indignación intensa y profunda". El "enojo" se define como "el desagrado, el resentimiento, y el profundo antagonismo que se experimenta ante la presencia de los daños ocasionados o los insultos"; la "indignación" es "el enojo justo que producen la injusticia y la bajeza". Tal es la ira. Y la ira, nos informa la Biblia, es un atributo de Dios.

La costumbre moderna en toda la iglesia cristiana es la de restarle importancia a este tema. Los que todavía creen en la ira de Dios (porque no todos creen) hablan poco de ella; tal vez no le den mayor importancia. A un mundo que se ha vendido descaradamente a los dioses de la codicia, el orgullo, el sexo, y la autodeterminación, la iglesia le sigue hablando desganadamente acerca de la bondad de Dios, pero no le dice nada virtualmente sobre el juicio. ¿Cuántas veces en los doce meses transcurridos ha oído el lector un sermón sobre la ira de Dios? ¿O cuántas veces, si se trata de un ministro del evangelio, ha predicado sobre el tema?

El hecho es que el tema de la ira divina se ha convertido en un tabú en la sociedad moderna; y en general los cristianos han aceptado el tabú y se han acomodado de tal modo que jamás mencionan la cuestión. Haremos bien en preguntamos si está bien que así sea, porque la Biblia obra de modo muy diferente. Es fácil imaginar que el tema del juicio divino no deba haber sido nunca muy popular, y, sin embargo, los escritores bíblicos se refieren al mismo constantemente.

Una de las cosas más notables sobre la Biblia es el vigor con que ambos testamentos destacan la realidad y el terror de la ira de Dios. "Una mirada a la concordancia nos revelará que en las Escrituras hay más referencias al enojo y al furor y la ira de Dios, que a su amor y su benevolencia" (A. W. Pink, “Los atributos de Dios”).

La razón fundamental de nuestra infelicidad parece ser una inquietante sospecha de que el concepto es de uno u otro modo, indigno de Dios. El pensamiento de la "ira" de Dios les sugiere crueldad. ¿Se sigue esto? Hay dos consideraciones bíblicas que nos demuestran que no es así.

En primer lugar, en la Biblia la ira de Dios es siempre judicial, es decir, es la ira del juez, cuando administra justicia. En segundo lugar, en la Biblia la ira de Dios es algo que los hombres eligen por sí mismos. Antes que el infierno sea una experiencia infligida por Dios, es un estado por el cual el hombre mismo opta, rechazando la luz que Dios hace brillar en su corazón para dirigirlos hacia Él mismo.

Necesitamos, por lo tanto, recordar que la clave para interpretar los muchos pasajes bíblicos, a menudo altamente figurativos, que pintan al divino Rey y Juez en una actitud iracunda y vengativa es comprender que lo que Dios hace en ese caso no es sino ratificar y confirmar los juicios que aquellos a quienes "visita" ya han emitido por sí mismos en el curso que han elegido seguir.

"Hacia el Conocimiento de Dios", J.I. Packer.

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