En el corazón de la iglesia orientada al mercado y al gusto del consumidor está la meta de dar a la gente lo que quiere. El efecto de esta clase de filosofíaes evidente: los púlpitos de nuestras iglesias se llenan cada vez más de hombres que buscan agradar a los hombres. Una estrategia humana, no la Palabra de Dios, se convierte en la fuente para todas las actividades de la iglesia, y la norma por la cual se mide el ministerio.
Algunas de las iglesias al gusto del consumidor ofrecen por lo menos un culto a la semana, que a veces tiene lugar en la mitad de la semana y en el cual se da un mensaje como parte de la reunión. Sin embargo, en esas reuniones el estilo corresponde más a una charla psicológica de motivación que a la exposición bíblica. Por encima de todo se recalca la importancia del gusto y la accesibilidad de los usuarios.
Algunas de las iglesias al gusto del consumidor ofrecen por lo menos un culto a la semana, que a veces tiene lugar en la mitad de la semana y en el cual se da un mensaje como parte de la reunión. Sin embargo, en esas reuniones el estilo corresponde más a una charla psicológica de motivación que a la exposición bíblica. Por encima de todo se recalca la importancia del gusto y la accesibilidad de los usuarios.
Si lees sobre ellos, notarás un hilo común. Veamos algunas citas en las que se describe el estilo de predicación en estas “iglesias al alcance del usuario”:
- “Aquí no hay fuego y azufre. No se le dan palmadas a la Biblia, solo se dan mensajes prácticos e ingeniosos”.
- “Los cultos en nuestra iglesia tienen un aire de informalidad. No va a escuchar que se amenacen a los asistentes con el infierno o que se haga referencia a ellos como pecadores. La meta es hacerles sentir bienvenidos, no espantarlos”.
- “Como sucede con todos los ministros, la respuesta de nuestro pastor es Dios; pero él solo hace mención de esa respuesta al final, y al presentarla con cuidado no se vuelve pesado. Nada de gritos e increpaciones. Nada de fuego y azufre. Ni siquiera utiliza la palabra infierno. Llámele evangelio liviano. Ofrece la misma salvación que la religión de viejos tiempos pero con la mitad de los sentimientos de culpa”.
- “Los sermones son relevantes, positivos y lo mejor de todo, breves. Usted no escuchará que se predique mucho sobre pecado, condenación y fuego en el infierno. Aquí la predicación no suena como si le estuvieran predicando. Es una charla cortés y amistosa que rompe todos los estereotipos”.
- “El pastor predica un mensaje muy positivo…es un mensaje de salvación, pero la idea no es tanto salvarse de las llamas del infierno, más bien salvarse de la falta de sentido y dirección en esta vida. Es algo más fácil de vender, y también de comprar”.
- “La idea, según dice el pastor, es que las personas tan pronto entran por la puerta puedan ver la manera como ya se ha superado el estereotipo de aquel tipo de predicador que se suelta la corbata y suda mientras da manotazos a la Biblia y grita a todo volumen, para aterrar a sus oyentes con la posibilidad de quemarse en el infierno por la eternidad”.
Las nuevas reglas del juego pueden resumirse así: sea perspicaz, ameno, informal, positivo, breve y amigable. Nunca se afloje la corbata. Nunca permita que le vean sudar, y nunca jamás utilice la palabra infierno. Así, lo que se logra finalmente es comprometer la verdad de las Escrituras, por forjar una amistad con el mundo evitando las verdades difíciles de aceptar, y esto se hace reemplazando la sana doctrina con diversiones insípidas y malabares semánticos para evitar toda la mención a las verdades duras de las Escrituras.
Si el objetivo final es hacer que el indagador se sienta cómodo, ¿no resulta algo incompatible con la enseñanza bíblica sobre el pecado, juicio, infierno y otros tópicos de gran importancia? Como resultado inevitable, el mensaje bíblico es distorsionado por la filosofía. ¿Qué va a pasar con el creyente que necesita ser alimentado?
"Avergonzados del Evangelio", John MacArthur, Editorial Portavoz.
"Avergonzados del Evangelio", John MacArthur, Editorial Portavoz.
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