B.B. Warfield respondió algunas de las más acuciantes preguntas acerca del ministerio a los pobres, comparándolo con el ministerio de Cristo hacia nosotros.
Ahora, queridos cristianos, algunos de ustedes oran día y noche para llegar a ser ramas de la verdadera Vid; oran para convertirse a la imagen de Cristo. Si es así, deben ser como Él para dar…”se hizo pobre siendo rico”
Objeción 1: “Mi dinero es mío”. Respuesta: Cristo podría haber dicho: “Mi sangre es mía, mi vida es mía”…pero ¿dónde estaríamos nosotros?
Objeción 2: “Los pobres no lo merecen”. Respuesta: Cristo podría haber dicho: “Son rebeldes y malos… ¿daré mi vida por ellos? Mejor les daré a los ángeles buenos”. Pero no, dejó a los noventa y nueve y vino por los perdidos. Dio su sangre por quienes no lo merecían.
Objeción 3: “Los pobres abusarán”. Respuesta: Cristo podría haber dicho lo mismo, claro que sí, y con más verdad. Cristo sabía que habría miles que pisotearían su sangre, que la despreciarían, que harían de ella una excusa para pecar más; pero aun así dio su sangre.
¡Ah, mis queridos cristianos!, si quieren ser como Cristo, den mucho, den a menudo, den generosamente, al malo y al pobre, al ingrato y al que no lo merece. Cristo es glorioso y feliz, y ustedes también lo serán. No es nuestro dinero lo que persigue, sino nuestra felicidad. Recuerden su palabra: “Más bienaventurado es dar que recibir”.
Objeción 1: “Mi dinero es mío”. Respuesta: Cristo podría haber dicho: “Mi sangre es mía, mi vida es mía”…pero ¿dónde estaríamos nosotros?
Objeción 2: “Los pobres no lo merecen”. Respuesta: Cristo podría haber dicho: “Son rebeldes y malos… ¿daré mi vida por ellos? Mejor les daré a los ángeles buenos”. Pero no, dejó a los noventa y nueve y vino por los perdidos. Dio su sangre por quienes no lo merecían.
Objeción 3: “Los pobres abusarán”. Respuesta: Cristo podría haber dicho lo mismo, claro que sí, y con más verdad. Cristo sabía que habría miles que pisotearían su sangre, que la despreciarían, que harían de ella una excusa para pecar más; pero aun así dio su sangre.
¡Ah, mis queridos cristianos!, si quieren ser como Cristo, den mucho, den a menudo, den generosamente, al malo y al pobre, al ingrato y al que no lo merece. Cristo es glorioso y feliz, y ustedes también lo serán. No es nuestro dinero lo que persigue, sino nuestra felicidad. Recuerden su palabra: “Más bienaventurado es dar que recibir”.